Archivo mensual: octubre 2008

[Cuento]Huracán Silencioso

Manchas entra y sale enérgicamente por la puerta del comedor, moviendo la cola, señal de felicidad extrema que demuestra cuando alguien querido llega. Sabe que no debe entrar aquí, la siguiente vez pedirá permiso, poniendo esos ojos tiernos que sólo él sabe poner, pero su desobediencia a regla tan básica de esta casa, se justifica, debido a que anunciaba un gran arribo: Tomás, luego de seis años, volvía aquí.

Nunca supe cuando dejé de extrañarlo, de hecho con él nunca supe nada, ni cómo lo llegué a amar, ni qué pasó para que se fuera de esa forma inexplicable hace ya tanto tiempo. Y ahora verlo ahí, parado en el umbral que divide la sala del comedor, con esa sonrisa tan blanca, como un relámpago enceguecedor y esa camisa anacrónica de siempre, que pareciera heredada de su abuelo.

Ganar es tan fácil para él. Se acerca. Me toma en sus brazos, y voy cayendo de boca en su boca. Como si el tiempo no hubiese pasado. Me hundo en su piel, respiro su aliento. ¿Qué explicación posible hay a esta debilidad mía o a esta súbita aparición suya? ¿Por qué hago lo que hago?

Pero no, no hay tiempo para más, mis pensamientos son nublados por el inmenso deseo que aún logra despertar en mi, creí que no volvería a sentir esta pasión nunca más, ni por él ni por nadie y ahora esto. Y Manchas, asistente festivo de este encuentro, no para de lamernos, mientras nosotros nos entregamos a esa fiebre ventral, en una conversación de gemidos, carente de palabras.

Al día siguiente los restos esparcidos por la casa fueron los mudos testigos de la pasión desenfrenada de la noche anterior. Y él, él no está más, quizá anduvo por aquí sólo cerrando pasados turbulentos, mientras revivía en mi sensaciones que creía olvidadas. Y ahora estoy aquí en medio del desastre de su paso huracanado, y Manchas me mira desde el mismo umbral que ayer ocupara su sonrisa.

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