Asesina

Entonces así quedamos, la otra mitad cuando el trabajo esté terminado- dijo la voz en las penumbras.

Y lo estará muy pronto.- contestó ella.

No es éste mi estilo de trabajo, pero la paga es buena y debo hacerlo. Todo sería más sencillo si sólo se tratase de un disparo fugaz en medio de la noche, y salir corriendo en la moto, como siempre, pero no, este trabajo es especial, una deliciosa pieza engastada de maldad. Bueno él tendrá sus razones para pedir algo así, yo no tengo nada que replicar, total matar es mi oficio, la forma en que lo haga no debería afectarme lo más mínimo.

****

Santiago salió de su pequeño estudio, subió al viejo Volkswagen y luego de dos intentos por arrancar, por fin se puso en marcha. El día había sido duro pero gratificante, era hora de volver a casa.

07:30 p.m. Vuelve a casa. La misma rutina una y otra vez los tres primeros días de la semana…mmm… qué verá en él, qué acto tan malo cometió para ser merecedor de tan cruel destino… por qué, si sólo parece ser un hombre inofensivo… algo tonto incluso, sin más aspiraciones y divertimentos que encerrarse a pintar en ese pequeño estudio. Qué paso seguir, cuál sería la manera más dolorosa de acabar con él.

****

Pase señorita, tome asiento- dijo Santiago no sin cierta turbación ante la belleza de la mujer- ¿Qué la trae por aquí? –añadió.

Bueno me han llegado muy buenas referencias de su trabajo, así que decidí que usted era el indicado para realizar el regalo de cumpleaños de papá.

A ver dígame, estoy a sus órdenes.

Deseo un retrato mio, grande, que papá pueda poner orgulloso en el mejor lugar de la casa.

Así siguió la conversación, ultimando detalles de la transacción. Arreglando fechas, coordinando horarios.

Disculpe, todo ya está listo pero no sé su nombre.

Soy Dalila Thompson, mucho gusto. ¡Ah! y por favor háblame de tú, debemos tener casi la misma edad.

Si así lo deseas.- Santiago sonrió.

Pasaremos mucho tiempo juntos las próximas semanas y es mejor que haya confianza entre nosotros- añadió Dalila.

****

He esperado esto desde que te conocí.- susurró Santiago.

Y yo también.- susurró ella.

Ambos jóvenes se transaron en ese laberinto sin fin que es el amor, aventurándose a vivirlo más allá de cualquier prejuicio. Les importaba en absoluto ser casi un par de desconocidos, así como también les importaba poco que lo estrictamente profesional haya pasado a un plano más íntimo.

Es la primera vez que me pasa algo así, han pasado muchas mujeres hermosas por mi estudio pero nadie me impactó como lo hiciste tú.

Y yo no caigo rendida ante un hombre tan fácilmente, pero tú, tú eres diferente a los demás, lo puedo sentir cuando te miro a los ojos, cuando oigo el ritmo de tu respiración, en fin…

Ella no pudo seguir hablando porque él le calló la boca con un apasionado beso.

****

Van dos semanas ya y definitivamente no sé qué le hizo este hombre, es inofensivo en lo absoluto, no parece esconder nada en su vida, es tan correcto, afable y… no sé porqué de nuevo esta sensación que me invade cuando pienso en él, qué es, porqué me importa tanto todo esto si es un trabajo más, especial tal vez, pero trabajo, como cualquier otro…

****

-¿Te casarías conmigo?- preguntó Santiago.

-¿Estás loco? ¡No llevamos ni un mes de conocernos!- añadió ella.

-Pero no hay nadie más con quien quiera compartir mi vida- agregó él.

-Dame unos días para pensarlo, todo es tan apresurado, necesito pensar, pero por favor no me llames, yo te llamaré cuando te tenga una respuesta-dijo ella.

-No es lo que yo esperaba, pensé que tú me amabas tanto como yo a ti, pero bueno respetaré tu decisión.- sentenció Santiago.

– Te Amo, nunca lo dudes.-finalizó la mujer.

****

Demonios no puedo hacerlo, no luego de aquello, no luego de decir esas palabras que nunca creí que diría, este hombre no es común, ha cambiado mi vida y definitivamente no puedo matarlo… el que debe morir es el otro…sí aquel maldito que me contrató para matarlo.– los pensamientos de la mujer fueron interrumpidos por el sonido de su celular, la pantalla marcaba un nombre: Santiago.

-Aló- dijo ella.

-Aló, Dalila, sé que querías tiempo pero ha pasado una semana y te extraño, no intento presionarte pero necesito una respuesta o al menos verte.- suplicó Santiago al otro lado de la línea.

-Te la daré, sólo dame un par de días más. Tengo un pequeño asunto que arreglar.-dijo fríamente Dalila.

-Ok, amor. Nos vemos pronto. Besos.- añadió Santiago.

-Besos.-finalizó secamente Dalila y colgó el celular.

****

Era tarde en la noche cuando el corpulento hombre salió de las penumbras de esa fábrica en ruinas y estaba a punto de subir a su coche blindado cuando las balas disparadas desde un arma con silenciador acabaron para siempre con su vida.

El motor de una moto irrumpió en el inmenso silencio de la noche.

****

-Sí. Acepto casarme contigo.- dijo Dalila.

-Me haces tan feliz con la noticia, mi amor- agregó Santiago, abrazándola fuertemente.

****

El día estaba radiante y la novia hermosa. Santiago la esperaba en el altar. Sólo había unos pocos amigos suyos, ella dijo que su padre no pudo llegar a tiempo a la ciudad para la ceremonia y que no tenía amigos. Él le creyó. Luego de una conmovedora ceremonia religiosa, los ahora esposos se besaron tiernamente, cuando de pronto la novia cayó desplomada al suelo y su albo vestido se tiño de sangre. El silencio fue interrumpido por el ruido de una moto a las afueras de la Iglesia.

-Perdóname- alcanzó a susurrar Dalila.

Santiago estaba en shock, no terminaba de entender qué había pasado. Finalmente reaccionó.

-No me dejes ahora, mi amor- dijo entre lágrimas.

-Te Amo- murmuró ella antes de morir.

El que era el más feliz de los novios ahora era el más infeliz de los viudos. La abrazó fuertemente contra su pecho y lloró desconsoladamente. Los intentos porque dejara el cadáver quieto hasta que llegaran las autoridades fueron en vano.

****

Pasaron dos semanas infernales para Santiago. Aún no se recuperaba de la fuerte impresión causada por la muerte prematura de su esposa, cuando el oficial encargado del caso fue a visitarlo.

-Siento informarle esto señor, pero fue un ajuste de cuentas.- dijo el policía.

-¿Qué?

-Su esposa, Dalila Thompson, no era otra que la asesina a sueldo más buscada por la justicia, fue matada según su propio modus operandi, obviamente Dalila Thompson era sólo un alias, su verdadero nombre es…

-No quiero escuchar más, no es más que una vil mentira.

Santiago salió raudo de su departamento y se subió a su viejo Volkswagen. Comenzó a manejar sin rumbo. Las palabras del oficial retumbaban en su mente.

-Es mentira.- dijo mientras aceleraba el auto. De pronto apareció un trailer y Santiago no intentó frenar. El Volkswagen se clavó en el trailer.

– Te Amo Dalila…-fueron sus últimas palabras.

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2 Respuestas a “Asesina

  1. Muy buena historia; violentamente pendular, profunda y con uno de esos finales trágicos como me gustan a mí jajaja.

    Te felicito!

  2. Holaaaaaaaa, ya lo había leído y me da la impresión de que lo corregiste. Aunque la esencia sigue igual, quedó bastante bien luego de que te dieras ese trabajo. Eres muy buena para dar la intriga y suspenso necesarios. Ojala sigas así. Serás una gran escritora.

    Te quiero mucho, amiga.

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