[Cuento] Luz Paralela

Por: Marly L. (Lissewen)

Los médicos estaban llamados a utilizar las herramientas correctamente; el objetivo, eliminar obstáculos y enemigos, invisibles pero determinantes para la salud de Humberto Nailen, pero no fue así, tan pronto como acabaron la intervención se vieron las consecuencias de sus actos fallidos. Los impulsos nerviosos, el galopar del corazón, el hálito de vida, se hacían cada vez más débiles y la agonía más larga.

¡Oh Dios! ¿Por qué esta soledad? ¿Por qué esta inmensa oscuridad? Y lo único que puedo hacer es ir avanzando hacia la luz plena que se presenta delante mio, aunque no comprenda que sucede, pero es lo único que me reconforta. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy ahora? La última vez que recuerdo era Humberto Nailen, abnegado esposo y padre de familia, abogado de casos perdidos y eventualmente de gente necesitada; un hombre feliz, podría decirse, hasta que comencé a sentir esos dolores, esos dolores indefinidos en distintas partes del cuerpo, que me despertaban a las cinco de la mañana antes que el gallo cantara o me interrumpían en plena disertación ante el gran jurado, pero ahora no me queda más que ir caminando hacia esa gran luz.

Un trabajo en extensión y profundidad, una limpieza básica y algo más, en fin, una minuciosa preparación del cuerpo era necesaria antes de ser depositado en su frío féretro. Por fin, un logro plenamente satisfactorio, ante los ojos de los deudos, se había alcanzado con el cadáver de Humberto Nailen. Sus hijos y su viuda lo querían recordar así, casi tan vivo como cuando aún vivía.

Caminar y caminar, ya estoy harto de caminar y no alcanzar esa luz, pero debo intentarlo, seguiré y al fin encontraré lo que busco, ese sol a raudales, aire puro y espesa vegetación que promete la brisa que siento venir del final del túnel.

Qué mejor que cirios y flores para acompañar el féretro en el velorio, pensaron los deudos de Humberto Nailen. El lugar parecía una selva, entre tantos arreglos florales, enviados por la variopinta cantidad de gente con la que trataba el difunto. Desde altos funcionarios hasta el más humilde de los ciudadanos que alguna vez fueron sus defendidos. El calor, aumentado por el humor de las velas se hacía insoportable; el ambiente, lleno de flores exóticas, lejos de ser lúgubre era festivo; y la cháchara de los asistentes hablaba de todo menos de un funeral.

Por fin, por fin alcanzaré la luz, se repetía Humberto Nailen, mientras daba sus últimos pasos hacia ella, por fin saldré de este largo túnel lleno de desasosiego e incertidumbre, por fin. En eso, dio su último y definitivo paso, llegó a la luz.

Ante la mirada atónita de sus hijos y viuda, el cadáver abrió los ojos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s