Blasón

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[Cuento]Huracán Silencioso

Octubre 19, 2008 · Dejar un comentario

Manchas entra y sale enérgicamente por la puerta del comedor, moviendo la cola, señal de felicidad extrema que demuestra cuando alguien querido llega. Sabe que no debe entrar aquí, la siguiente vez pedirá permiso, poniendo esos ojos tiernos que sólo él sabe poner, pero su desobediencia a regla tan básica de esta casa, se justifica, debido a que anunciaba un gran arribo: Tomás, luego de seis años, volvía aquí.

Nunca supe cuando dejé de extrañarlo, de hecho con él nunca supe nada, ni cómo lo llegué a amar, ni qué pasó para que se fuera de esa forma inexplicable hace ya tanto tiempo. Y ahora verlo ahí, parado en el umbral que divide la sala del comedor, con esa sonrisa tan blanca, como un relámpago enceguecedor y esa camisa anacrónica de siempre, que pareciera heredada de su abuelo.

Ganar es tan fácil para él. Se acerca. Me toma en sus brazos, y voy cayendo de boca en su boca. Como si el tiempo no hubiese pasado. Me hundo en su piel, respiro su aliento. ¿Qué explicación posible hay a esta debilidad mía o a esta súbita aparición suya? ¿Por qué hago lo que hago?

Pero no, no hay tiempo para más, mis pensamientos son nublados por el inmenso deseo que aún logra despertar en mi, creí que no volvería a sentir esta pasión nunca más, ni por él ni por nadie y ahora esto. Y Manchas, asistente festivo de este encuentro, no para de lamernos, mientras nosotros nos entregamos a esa fiebre ventral, en una conversación de gemidos, carente de palabras.

Al día siguiente los restos esparcidos por la casa fueron los mudos testigos de la pasión desenfrenada de la noche anterior. Y él, él no está más, quizá anduvo por aquí sólo cerrando pasados turbulentos, mientras revivía en mi sensaciones que creía olvidadas. Y ahora estoy aquí en medio del desastre de su paso huracanado, y Manchas me mira desde el mismo umbral que ayer ocupara su sonrisa.

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Asesina

Agosto 20, 2008 · 2 comentarios

- Entonces así quedamos, la otra mitad cuando el trabajo esté terminado- dijo la voz en las penumbras.

- Y lo estará muy pronto.- contestó ella.

No es éste mi estilo de trabajo, pero la paga es buena y debo hacerlo. Todo sería más sencillo si sólo se tratase de un disparo fugaz en medio de la noche, y salir corriendo en la moto, como siempre, pero no, este trabajo es especial, una deliciosa pieza engastada de maldad. Bueno él tendrá sus razones para pedir algo así, yo no tengo nada que replicar, total matar es mi oficio, la forma en que lo haga no debería afectarme lo más mínimo.

****

Santiago salió de su pequeño estudio, subió al viejo Volkswagen y luego de dos intentos por arrancar, por fin se puso en marcha. El día había sido duro pero gratificante, era hora de volver a casa.

07:30 p.m. Vuelve a casa. La misma rutina una y otra vez los tres primeros días de la semana…mmm… qué verá en él, qué acto tan malo cometió para ser merecedor de tan cruel destino… por qué, si sólo parece ser un hombre inofensivo… algo tonto incluso, sin más aspiraciones y divertimentos que encerrarse a pintar en ese pequeño estudio. Qué paso seguir, cuál sería la manera más dolorosa de acabar con él.

****

- Pase señorita, tome asiento- dijo Santiago no sin cierta turbación ante la belleza de la mujer- ¿Qué la trae por aquí? –añadió.

- Bueno me han llegado muy buenas referencias de su trabajo, así que decidí que usted era el indicado para realizar el regalo de cumpleaños de papá.

- A ver dígame, estoy a sus órdenes.

- Deseo un retrato mio, grande, que papá pueda poner orgulloso en el mejor lugar de la casa.

Así siguió la conversación, ultimando detalles de la transacción. Arreglando fechas, coordinando horarios.

- Disculpe, todo ya está listo pero no sé su nombre.

- Soy Dalila Thompson, mucho gusto. ¡Ah! y por favor háblame de tú, debemos tener casi la misma edad.

- Si así lo deseas.- Santiago sonrió.

- Pasaremos mucho tiempo juntos las próximas semanas y es mejor que haya confianza entre nosotros- añadió Dalila.

****

- He esperado esto desde que te conocí.- susurró Santiago.

- Y yo también.- susurró ella.

Ambos jóvenes se transaron en ese laberinto sin fin que es el amor, aventurándose a vivirlo más allá de cualquier prejuicio. Les importaba en absoluto ser casi un par de desconocidos, así como también les importaba poco que lo estrictamente profesional haya pasado a un plano más íntimo.

- Es la primera vez que me pasa algo así, han pasado muchas mujeres hermosas por mi estudio pero nadie me impactó como lo hiciste tú.

- Y yo no caigo rendida ante un hombre tan fácilmente, pero tú, tú eres diferente a los demás, lo puedo sentir cuando te miro a los ojos, cuando oigo el ritmo de tu respiración, en fin…

Ella no pudo seguir hablando porque él le calló la boca con un apasionado beso.

****

Van dos semanas ya y definitivamente no sé qué le hizo este hombre, es inofensivo en lo absoluto, no parece esconder nada en su vida, es tan correcto, afable y… no sé porqué de nuevo esta sensación que me invade cuando pienso en él, qué es, porqué me importa tanto todo esto si es un trabajo más, especial tal vez, pero trabajo, como cualquier otro…

****

-¿Te casarías conmigo?- preguntó Santiago.

-¿Estás loco? ¡No llevamos ni un mes de conocernos!- añadió ella.

-Pero no hay nadie más con quien quiera compartir mi vida- agregó él.

-Dame unos días para pensarlo, todo es tan apresurado, necesito pensar, pero por favor no me llames, yo te llamaré cuando te tenga una respuesta-dijo ella.

-No es lo que yo esperaba, pensé que tú me amabas tanto como yo a ti, pero bueno respetaré tu decisión.- sentenció Santiago.

- Te Amo, nunca lo dudes.-finalizó la mujer.

****

Demonios no puedo hacerlo, no luego de aquello, no luego de decir esas palabras que nunca creí que diría, este hombre no es común, ha cambiado mi vida y definitivamente no puedo matarlo… el que debe morir es el otro…sí aquel maldito que me contrató para matarlo.- los pensamientos de la mujer fueron interrumpidos por el sonido de su celular, la pantalla marcaba un nombre: Santiago.

-Aló- dijo ella.

-Aló, Dalila, sé que querías tiempo pero ha pasado una semana y te extraño, no intento presionarte pero necesito una respuesta o al menos verte.- suplicó Santiago al otro lado de la línea.

-Te la daré, sólo dame un par de días más. Tengo un pequeño asunto que arreglar.-dijo fríamente Dalila.

-Ok, amor. Nos vemos pronto. Besos.- añadió Santiago.

-Besos.-finalizó secamente Dalila y colgó el celular.

****

Era tarde en la noche cuando el corpulento hombre salió de las penumbras de esa fábrica en ruinas y estaba a punto de subir a su coche blindado cuando las balas disparadas desde un arma con silenciador acabaron para siempre con su vida.

El motor de una moto irrumpió en el inmenso silencio de la noche.

****

-Sí. Acepto casarme contigo.- dijo Dalila.

-Me haces tan feliz con la noticia, mi amor- agregó Santiago, abrazándola fuertemente.

****

El día estaba radiante y la novia hermosa. Santiago la esperaba en el altar. Sólo había unos pocos amigos suyos, ella dijo que su padre no pudo llegar a tiempo a la ciudad para la ceremonia y que no tenía amigos. Él le creyó. Luego de una conmovedora ceremonia religiosa, los ahora esposos se besaron tiernamente, cuando de pronto la novia cayó desplomada al suelo y su albo vestido se tiño de sangre. El silencio fue interrumpido por el ruido de una moto a las afueras de la Iglesia.

-Perdóname- alcanzó a susurrar Dalila.

Santiago estaba en shock, no terminaba de entender qué había pasado. Finalmente reaccionó.

-No me dejes ahora, mi amor- dijo entre lágrimas.

-Te Amo- murmuró ella antes de morir.

El que era el más feliz de los novios ahora era el más infeliz de los viudos. La abrazó fuertemente contra su pecho y lloró desconsoladamente. Los intentos porque dejara el cadáver quieto hasta que llegaran las autoridades fueron en vano.

****

Pasaron dos semanas infernales para Santiago. Aún no se recuperaba de la fuerte impresión causada por la muerte prematura de su esposa, cuando el oficial encargado del caso fue a visitarlo.

-Siento informarle esto señor, pero fue un ajuste de cuentas.- dijo el policía.

-¿Qué?

-Su esposa, Dalila Thompson, no era otra que la asesina a sueldo más buscada por la justicia, fue matada según su propio modus operandi, obviamente Dalila Thompson era sólo un alias, su verdadero nombre es…

-No quiero escuchar más, no es más que una vil mentira.

Santiago salió raudo de su departamento y se subió a su viejo Volkswagen. Comenzó a manejar sin rumbo. Las palabras del oficial retumbaban en su mente.

-Es mentira.- dijo mientras aceleraba el auto. De pronto apareció un trailer y Santiago no intentó frenar. El Volkswagen se clavó en el trailer.

- Te Amo Dalila…-fueron sus últimas palabras.

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La granja

Agosto 8, 2008 · 3 comentarios

Mi único berretín es ver esta granja convertida en la mejor del pueblo, para así demostrarle a ese cascarrabias de Jeremías que ¡yo soy el mejor criador de animales de corral!

Sé que estoy un poco chiflado, eso de instalar un caloventor de primera en el establo a las vacas para que produzcan leche tibia es una teoría que nadie apoya pero bueno, así soy yo pues, y digan lo que digan lo seguiré haciendo.

Para seguir siendo honesto no hay nada que no haría por esta granja, no es tan grande como la de aquel pero los animales que produzco son los más ricos y los más tiernos al diente de la región. ¡Y mi Matilde! ¡Qué sería yo sin mi Matilde! Ella ponedora como la que más, me ha hecho ganarle varios concursos al estúpido ése. Sin duda alguna la mejor gallina de la región, ni pensar que era una pollita desabrida que me vendieron por cuatro pesos, ¡ah pero es que esas son las mejores!

Tiempo después…

Se escuchan las comunicaciones por la vieja radio que tengo en la habitación del fondo, lo que se dice es que vendrá una mala etapa para la región, consecuencia de la guerra civil, así que debo tomar una decisión sobre el futuro de la granja. Ni pensar que hasta hace poco era cabalmente imposible lo que estoy a punto de hacer.

Voy y le ofrezco un trato al Jeremías ése, para unir las dos granjas y enfrentar mejor los malos tiempos. El Jeremías, feliz por la propuesta –porque en el fondo sabe que soy el mejor granjero de la región- me palmoteó la espalda, así que manoteé la suya también en señal de camaradería y caso cerrado.

Quien diría que a dos viejos enemigos, otra guerra los uniría.

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Inti y Killa: Un amor imposible

Junio 17, 2008 · 1 comentario

Inti vivía muy solo en el inmenso cielo vestido de luto eterno. Él brillaba mucho y sabía que había otros de su especie, pero tan lejos de si que apenas sus débiles brazos llegaban como suave brisa a rozar sus mejillas. Los días pasaban, los años le seguían, y él seguía solo. Lloraba, y nada pasaba. Ya no sabía qué hacer.

Cierto día Inti tuvo un sueño, soñó con un hermoso ser, distinto a él, pero que sintió en el fondo de su corazón lo complementaba. Killa, Killa, escuchó decir. Cuando despertó Inti era el ser más feliz del universo, sabía que tarde o temprano ella aparecería y ya no estaría más solo.

Ese día Inti brilló más que de costumbre, su cuerpo estaba tan henchido de emoción que se puso a cantar una dulce melodía que parecía no tener fin.

Y poco a poco algo sorprendente sucedió, de todos los alrededores comenzaron a brotar bellos astros, similares a él pero con menos brillo. Es como si su canto los conjurase. Y empezó a buscar y contó nueve grandes y muchos otros más pequeños, pero ninguno era su amada Killa. Hasta que de pronto, contemplo la belleza azul de la tercera esfera y quedó encandilado, tal vez no era Killa pero sin duda ella debía vivir ahí, entonces se acercó a él y cantó con más fuerza, con toda la fuerza de su corazón. Y de ese planeta (porque así los bautizó Inti) comenzaron a surgir seres que adornaron su superficie, seres de todas las formas y tamaños, pero Killa no estaba entre ninguno de ellos.

Vio Inti que la vida en aquel lugar azul al que llamó Allpa era buena, y que todos los seres que se movían en ella venían en pares y se sintió más desdichado aún. En eso, acabó el día y estaba tan cansado que se fue a dormir.

Esa noche en sueños sintió la calidez de Killa nuevamente, pero aún más cerca que la primera vez, fue así como abrió los ojos y vio que detrás del planeta azul estaba su hermosa Killa. Quiso correr hacia ella y no pudo, entonces brilló con toda la fuerza que tenía en su interior y Killa se escondió detrás de Allpa. Así se dio una y otra vez, día tras día, mientras Inti más brillaba Killa más se escondía.

Fue entonces que Inti comprendió que al brillar a cualquier hora en su afán de acercarse a Killa se estaba saliendo del orden universal, de los tiempos que un ser más poderoso que él había creado, desde entonces aceptó su terrible destino de amar a la distancia y en la soledad de los días, mientras Killa lo arrullaba en su letargo de noche.

Vocabulario:

Inti: (Quechua) Sol.

Killa: (Quechua) Luna.

Allpa: (Quechua) Tierra.

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[Poesía] Niña

Junio 1, 2008 · 1 comentario

Ahí viene la niña
canta, ríe, llora
cae, se levanta

Sola vive y sola va
nadie dice nada

Mamá, ya no, dice la niña
y la madre calla

Oh dulce niña que hiciste
porque estas marcas
porque la sangre se mezcla
porque las lágrimas

Mamá, mamá ¿Por qué?
Y otra vez la madre calla

Todos callan
nadie habla
sólo la niña que en llanto rompe
mientras sus heridas sangran

Pobre niña ¿cómo será tu vida?
de que color se teñirán tus sueños
o quizá sean sólo pesadillas

Ve y corre niña
algún día alguien te salvará
de quien nunca te debió golpear

Y si nadie viene,
ya algún día crecerás
y tú sola saldrás

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Me nació escribirlo  más por expresar sentimientos, emociones, conjurar demonios, que por hacer algo bello. :)

Marly L. (Lissewen)

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[Cuento] Luz Paralela

Mayo 27, 2008 · Dejar un comentario

Por: Marly L. (Lissewen)

Los médicos estaban llamados a utilizar las herramientas correctamente; el objetivo, eliminar obstáculos y enemigos, invisibles pero determinantes para la salud de Humberto Nailen, pero no fue así, tan pronto como acabaron la intervención se vieron las consecuencias de sus actos fallidos. Los impulsos nerviosos, el galopar del corazón, el hálito de vida, se hacían cada vez más débiles y la agonía más larga.

¡Oh Dios! ¿Por qué esta soledad? ¿Por qué esta inmensa oscuridad? Y lo único que puedo hacer es ir avanzando hacia la luz plena que se presenta delante mio, aunque no comprenda que sucede, pero es lo único que me reconforta. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy ahora? La última vez que recuerdo era Humberto Nailen, abnegado esposo y padre de familia, abogado de casos perdidos y eventualmente de gente necesitada; un hombre feliz, podría decirse, hasta que comencé a sentir esos dolores, esos dolores indefinidos en distintas partes del cuerpo, que me despertaban a las cinco de la mañana antes que el gallo cantara o me interrumpían en plena disertación ante el gran jurado, pero ahora no me queda más que ir caminando hacia esa gran luz.

Un trabajo en extensión y profundidad, una limpieza básica y algo más, en fin, una minuciosa preparación del cuerpo era necesaria antes de ser depositado en su frío féretro. Por fin, un logro plenamente satisfactorio, ante los ojos de los deudos, se había alcanzado con el cadáver de Humberto Nailen. Sus hijos y su viuda lo querían recordar así, casi tan vivo como cuando aún vivía.

Caminar y caminar, ya estoy harto de caminar y no alcanzar esa luz, pero debo intentarlo, seguiré y al fin encontraré lo que busco, ese sol a raudales, aire puro y espesa vegetación que promete la brisa que siento venir del final del túnel.

Qué mejor que cirios y flores para acompañar el féretro en el velorio, pensaron los deudos de Humberto Nailen. El lugar parecía una selva, entre tantos arreglos florales, enviados por la variopinta cantidad de gente con la que trataba el difunto. Desde altos funcionarios hasta el más humilde de los ciudadanos que alguna vez fueron sus defendidos. El calor, aumentado por el humor de las velas se hacía insoportable; el ambiente, lleno de flores exóticas, lejos de ser lúgubre era festivo; y la cháchara de los asistentes hablaba de todo menos de un funeral.

Por fin, por fin alcanzaré la luz, se repetía Humberto Nailen, mientras daba sus últimos pasos hacia ella, por fin saldré de este largo túnel lleno de desasosiego e incertidumbre, por fin. En eso, dio su último y definitivo paso, llegó a la luz.

Ante la mirada atónita de sus hijos y viuda, el cadáver abrió los ojos.

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Amor de mañana

Mayo 9, 2008 · 1 comentario

Tú que aún no eres mio
yo que aún no soy tuya
dos almas y un destino
juntas por la vida van
acompañándose en el camino

El sino los aleja, el sino los separa
pero será el mismo
el que los una por la mañana

Mañana gloriosa
de verbos sinfines
tú que nos organizas festines
ven pronto a consolar mi alma
que ronda sin fin
por el mundo de su ausencia
y mi amor febril

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Más tankas II

Mayo 7, 2008 · Dejar un comentario

V.

Tibia noche al
despertar danos tu luz
esplendida y
pura como el alba
de la mañana toda

VI.

Abismo sin fin

envoltorio mortuorio

lanza besos en

luz de otoño frío

junto al fuego mio

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Más Tankas por Marly L.

Mayo 4, 2008 · Dejar un comentario

V.

Tibia noche al
despertar danos tu luz
esplendida y
pura como el alba
de la mañana toda

VI.

Abismo sin fin

envoltorio mortuorio

lanza besos en

luz de otoño frío

junto al fuego mio

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