Tú sabes que siempre fui sincera contigo, siempre. Como aquella vez cuando recurriste a mi hombro a llorar las desdichas de ese amor contrariado, como aquella vez que compartimos esos profundos recuerdos de nuestras vidas que quizá hubiésemos querido no vivir, como esas y tantas otras veces, amigo mio.
Hoy que no estás más conmigo te digo honestamente te amé, como se ama sólo a los seres especiales que guardamos en nuestro corazón. Como se ama la brisa al llegar el verano, como se ama el verde de los prados y el ruido de la lluvia en el invierno.
Me pregunto una y otra vez que será de mi ahora que no estás más a mi lado, ahora que me has dejado sola en esta batalla que es vivir sin ti. Acaso la sinceridad de mis palabras no te desarma, pero claro, no puedes escucharme ya, el frío mármol no lo permite más… has muerto… y yo aquí debo matarte en mi alma para descansar por fin.




